¡La declaración más bella y más profunda jamás hecha sobre el medio ambiente!
CARTA DEL JEFE INDIO SEATTLE, AL SEÑOR FRANKLIN PIERCE, PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS, RESPONDIENDO A
La respuesta del Jefe Seattle, aquí publicada en su totalidad, ha sido descrita como la declaración más bella y más profunda jamás hecha sobre el medio ambiente.
¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento…
ni aún el calor de la tierra?
Dicha idea nos es desconocida.
Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas…
¿cómo podrán ustedes comprarlos?
Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo,
cada brillante mata de pino,
cada grano de arena en las playas,
cada gota de rocío en los bosques,
cada altozano y hasta el sonido de cada insecto
es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo.
Somos parte de la tierra y asimismo…
ella es parte de nosotros
El agua cristalina que corre por ríos y arroyuelos no es solamente el agua
sino también representa la sangre de nuestros antepasados.
Si les vendemos nuestras tierras,
deben recordar que son sagradas.
El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.
Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed,
son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos.
Si les vendemos nuestras tierras
ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos
que los ríos son nuestros hermanos y también lo son suyos,
y por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida.
El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro,
ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita.
La tierra no es su hermana sino su enemiga .
Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento,
como objetos que se compran,
se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores.
Su apetito devorará la tierra dejando atrás sólo un desierto.
No sé…pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes.
La sola vista de sus ciudades apena los ojos del piel roja.
Pero quizás sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada.
No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco,
ni hay sitio donde escuchar cómo se abren las hojas de los árboles en primavera
o cómo aletean los insectos.
Pero quizás también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada.
El ruido parece insultar nuestros oídos.
Y después de todo,
para qué sirve la vida si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras
ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque?
Soy un piel roja y nada entiendo.
El aire tiene un valor inestimable para el piel roja,
ya que todos los seres comparten un mismo aliento,
la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire.
El hombre blanco no parece consciente del aire que respira.
Como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor.
Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire nos es inestimable,
que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene.
Y si les vendemos nuestras tierras,
ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada,
como un lugar donde hasta el hombre blanco
pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas.
Por ello estamos considerando su oferta de comprar nuestras tierras.
Si decidimos aceptarla, yo pondré condiciones:
El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.
Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida.
He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas,
muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha.
Soy un salvaje y no comprendo cómo una máquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos sólo para sobrevivir.
Qué sería del hombre sin los animales?
Si todos fueran exterminados,
el hombre también moriría de una gran soledad espiritual;
porque lo que le suceda a los animales también le sucederá al hombre.
Todo va enlazado.
Enseñen a sus hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros
que la tierra es nuestra Madre.
Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra.
Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos.
Esto sabemos…La tierra no pertenece al hombre;
el hombre pertenece a la tierra.
Esto sabemos…todo va enlazado, como la sangre que une a una familia.
Todo va enlazado.
Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra.
El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo.
Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo.
Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo
queda exento del destino común.
Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos.
Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra un día…
nuestro Dios es el mismo Dios.
Ustedes pueden pensar ahora que El les pertenece,
lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así.
El es el Dios de los hombres
y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco.
Esta tierra tiene un valor inestimable para El
y si se daña se provocaría la ira del Creador.
También los blancos se extinguirían, quizás antes que las demás tribus.
Contaminen sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos.
Ustedes caminarán hacia su destrucción rodeados de gloria,
inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra
y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja.
Ese destino es un misterio para nosotros,
pues no entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, ¿Dónde está el matorral?... destruído. ¿Dónde está el águila?.... desapareció.
Termina la vida y empieza la supervivencia.