¡Acción no por un futuro, sino por un presente digno. Si el presente es digno, la dignidad del futuro estará asegurada, pues siempre el hombre cosecha lo que siembra!
La crisis que vive nuestro planeta está íntimamente relacionada con la crisis de valores que vivimos como personas y como sociedad. Las acciones emprendidas para fomentar la paz, la justicia, la igualdad, nunca lograrán los resultados deseados, si no tomamos conciencia de que somos responsables de todo lo que sucede a nuestro alrededor, y de que nuestros hábitos de vida influyen definitivamente en la salud y armonía individual y universal.
El supuesto desarrollo ha propiciado un esquema de crecimiento económico que se basa en la explotación sin límites de nuestro capital natural, reemplazándolo por capital monetario destinado al consumo de todo lo innecesario. Nos hemos convertido en una sociedad altamente consumista y despilfarradora de los recursos de vida. Todo lo que llega a nuestras manos es producto desechable. Todo es basura. Y, ¿a dónde va a parar tanta basura?. Al aire, al agua, a la tierra. No olvides que si escupes al cielo te caerá en la cara, y si escupes al suelo también.
Nos hemos convencido de que estamos progresando, pero la realidad es de que cada día nuestra calidad de vida disminuye. El verdadero progreso no tiene nada que ver con la desigualdad, la injusticia, la crueldad entre seres humanos y entres estos y las demás especies, la contaminación, los desastres ecológicos. Es urgente ampliar nuestra visión y considerar que coexistimos con todo lo creado y que la armonía y la paz serán posibles únicamente si cambiamos nuestra mentalidad de amos y explotadores, para convertirnos en servidores y para empezar a actuar con responsabilidad individual.
Los recursos naturales no son infinitos ni inagotables, y los límites de crecimiento económico y demográfico están llegando a su fin. No somos nosotros ni son nuestras economías quienes sustentan la vida del ecosistema y la biosfera. Son ellos, el medio divino que sustenta nuestra vida en el planeta. Para mantener estos recursos tenemos que cambiar nuestra actitud de depredadores, por la de preservadores de
Cuánto podemos aprender de ella. Nada en la tierra sobrevive sin contar con las demás especies. Los árboles, por ejemplo, extraen nutrientes del suelo pero se lo regresan multiplicado. Ellos aportan oxígeno, regulan el clima, absorben dióxido de carbono, nos alimentan con sus frutos, mantienen la humedad del suelo, sus raíces sostienen la tierra en caso de lluvia, sirven de morada para muchos animales y finalmente nos cobijan con su sombra aún mientras los estamos cortando. Cuánta generosidad, cuánta tolerancia, cuán bella lección solamente la de un árbol.
Casa de